lunes, 15 de junio de 2015

Falsos mitos y verdades de los motivos para no vacunar de los grupos antivacunas. ¿Vacunarse o no vacunarse? (2)

Falsos mites i veritats dels motius per no vacunar dels grups antivacunes. ¿Vacunar o no vacunar? (2)

¿Verdaderos o falsos los mitos contra las vacunas? Fuente

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Seguimos esta segunda parte de la entrada ¿Vacunarse o no vacunarse? sobre seguridad, riesgos y beneficios de las vacunas, ampliando la información sobre los falsos mitos y verdades de los argumentos que utilizan para no vacunar de algunos padres y de los grupos antivacunas. Algunos son erróneos, otros parcialmente verdaderos, otros extremadamente exagerados, por lo que la mezcla de razonamientos con y sin evidencia científica genera mucha confusión y desinformación en algunas personas. Veamos que hay de cierto en ellos y si están justificados.


Algunos mitos de los grupos antivacunas

Voy a dar Lactancia materna a mi hijo y eso ya le protege de las infecciones: 

La lactancia materna reduce el riesgo de infecciones respiratorias y gastrointestinales, pero no es suficiente para proteger de enfermedades graves como el tétanos, la difteria (producidas por toxinas) o la polio, la tosferina o el sarampión sobre todo si la madre hace muchos años que no se revacuna y sus niveles de anticuerpos son bajos (cosa que suele ocurrir en los padres de niñ@s que no son vacunados). Este es por ejemplo uno de los motivos por el que se  comienza a recomendar la vacuna de la tosferina al final del embarazo en Cataluña debido al aumento de casos de tosieran en lactantes menores de 3 meses y que las madres no tienen ya anticuerpos suficientes para transmitir a sus hijos a través de la lactancia o la placenta. La madre puede estar protegida porque su memoria inmunológica rápidamente puede generar anticuerpos que la protejan a ella cuando entre en contacto con la enfermedad, pero estos llegarán tarde para evitar el contagio del niño.

Simplificando mucho, la lactancia materna transmite dos tipo de cosas, por un lado factores defensivos inespecíficos de diferente tipo (como lactoferrina, macrófagos, lisozimas, complemento C3 y C4 y bacterias beneficiosas) que mejoran la inmunidad de forma inespecífica, y anticuerpos específicos (contra un germen concreto) (1). Los anticuerpos que se transmiten por la leche materna son en su mayoría del tipo IgA secretora y se quedan protegiendo en las mucosas sin pasar a la sangre. Su concentración es máxima en el calostros y se va reduciendo en las primeras 2-4 semanas para mantanerse estable después durante toda la lactancia (1). Ambos factores suponen una primera barrera defensiva y una forma de "primera vacunación natural", pero los anticuerpos IgA no tienen la misma capacidad protectora que los que pasan al bebé a través de la placenta en las ultimas semanas del embarazo en su mayoría de tipo IgG (y que van desapareciendo a los pocos meses pudiendo durar hasta los 5 meses o a veces algo más de vida), o los que se generan al pasar la infección o por las propias vacunas (también de tipo IgG).

La lactancia materna mejora la inmunidad del bebé y reduce el riesgo de infecciones gastrointestinales y respiratorias pero no lo elimina, manteniéndose el riesgo de enfermar por enfermedades graves prevenible con las vacunas.


¿Es suficiente la IgA secretora de la leche materna para evitar una infección grave? Pues no, ya hemos dicho que la lactancia materna reduce el riesgo de infecciones respiratorias y digestivas durante la lactancia pero obviamente no la elimina. A lo mejor algún caso donde el inoculo es muy pequeño podría serlo, pero el riesgo de que ese germen pase la primera barrera defensiva es alto y tarde o temprano se acaba contagiando el niño. Conclusión: falso mito!



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Las vacunas no son las causantes de la desaparición de algunas enfermedades, sino la mejora de las condiciones de vida

Es otro argumento usado por las teorías antivacunas. Es cierto que las mejoras de las condiciones sanitarias, de control de aguas residuales, la mejora de la alimentación y la nutrición y todo el desarrollo reduce la susceptibilidad a contagiarnos de muchas enfermedades, pero este es un efecto limitado a la reducción de numero de contagios y a un mejor tratamiento de las complicaciones, pero no en su erradicación ni proteccion total. Esta mejora de las condiciones lo que conlleva muchas veces es que los niños no enfermen en los primeros años de vida y las enfermedades se desplacen a edades más adultas, como en el caso de la hepatitis A, siendo esta más grave de adultos que de niños. Qué ocurre? que ahora vemos brotes de hepatitis A en adultos en relación a practicas sexuales oroanales, alimentos contaminados o viajes a países menos desarrollados. Algo similar ocurre con las vacunas, a medida que la población está vacunada, van desplazando las infecciones a grupos no vacunados, normalmente a edades mayores (y a veces menores) de lo habitual, debido a que el resto de la población está protegida. Podemos tener el mejor sistema de saneamiento del mundo, pero si dejamos de vacunar de la polio a la población e introducimos un virus salvaje, la polió volverá a contagiarse entre personas y a causar importantes complicaciones (aunque claro está en menor proporción que en países subdesarrollados). Por tanto el desarrollo ayuda pero no es suficiente. Lo vemos continuamente con brotes de sarampión, tosferina, hepatitis A o parotiditis en nuestro medio, a pesar de tener vacunados de muchos de ellos al 95% de los niños, imaginarios si bajaran a niveles del 50%. Conclusión: falso mito!


El contacto con los microbios entrena nuestro sistema inmune, pero es mejor evitar las enfermedades más graves. Fuente

Enfermedades infecciosas entrenan el sistema inmunitario y las vacunas lo debilitan

Es cierto que el contacto con los microbios y las enfermedades infecciosas entrenan al sistema inmunitario, pero es preferible que lo hagan con infecciones menos graves que con las más graves. Las enfermedades clásicas infantiles han dado paso a enfermar por otros virus mas inocuos que ocupan sus nichos, y hoy en día son más frecuentes los catarros y gastroenteritis que el sarampión, la rubéola y la parotiditis. Además como vimos en la entrada sobre bacterias intestinales y enfermedades, el problema de la falta de exposicion a gérmenes que maduren el sistema inmunitario parece estar más relacionado con la excesiva limpieza de los entornos que vivimos y la falta de contacto con la naturaleza, que con las vacunas, pero en este tema nos movemos a nivel teórico todavía. Conclusión: falso mito!


Autismo y vacunas

Un amplísimo estudio de vigilancia presentado hace 1 año ha dado carpetazo definitivo al asunto del autismo (2), tanto a su relación con la triple vírica que se ha descartado completamente (igual tasa de autismo entre vacunados y no vacunados), como su relación con el mercurio de las vacunas que tampoco se ha confirmado (su erradicación de las vacunas no ha supuesto una reducción de la incidencia del autismo). Conclusión: falso mito!


Mercurio y vacunas

Hasta hace 10 años, la mayoría d vacunas inactividad tenían en su composición un conservante derivado del mercurio llamado Timerosal (Thiomersal). El timerosal contenido en las vacunas antiguas es una sal de mercurio (metilmercurio), una forma de mercurio que no se acumula y que puede ser expulsada por la heces. La mayoría de los efectos secundarios secundarios al tiomerosal son de reacciones alérgicas al mismo. A pesar de ello, debido al gran número de vacunas que se ponían, el bajo peso de los bebés y al uso de vacunas multidosis que requerían de conservantes, algunos estudios evaluaron que la exposición para bebés podría ser excesiva según el tipo y las dosis de vacunas que se aplicaran (3), y aunque oficialmente no se ha encontrado relación con enfermedades, a veces es difícil de medir el impacto real en la salud de esta exposición del pasado. La OMS y la Comisión Europea recomendó su retirada de las vacunas a principios del 2000, al menos de las usadas en niños y promueve el uso de vacunas de un solo uso que no necesitan conservantes, y vacunas polivalentes que necesitan menos pinchazos y por tanto menos cantidad de aditivos.


El timersal que levaban las vacunas era metilmercurio, una forma de mercurio que el cuerpo puede eliminar por las heces.
Hoy en día se ha eliminado de la mayoría de vacunas, especialmente de las destinadas a niños.


La mayoría de los médicos y enfermeras desconocen que hasta hace pocos años se estuvo usando  vacunas con timerosal en niños (todavía hoy tenemos para adultos) y esto hace que los padres contrarios a la vacunación desconfíen de los consejos de sus médicos y enfermeras que niegan esta realidad. Conclusión: realidad pero con información errónea sobre su peligrosidad.


Aluminio, vacunas y reacciones autoinmunes

Enfermar de forma natural produce una estimulacion intensa del sistema inmunitario que ocasiona en a veces reacciones autoinmunitarias (artritis, trombocitopenias autoinmunes, síndrome de Guillain Barré, descompensaciones de enfermedades autoinmunes como esclerosis múltiple...) Las vacunas, al estimular el sistema inmunitario tienen esta misma capacidad teórica de producirlas, pero dado que la mayoría de ellas no producen una gran esimulación del sistema inmune, la probabilidad de que se produzcan es extremadamente baja en comparación con pasar las enfermedades de forma natural. El hidroxido o el fosfato de aluminio que se usa como coadyuvante en las vacunas se ha visto relacionado con reacciones autoinmunitarias, pero este tipo de reacciones son muy raras y se ven también en vacunas que no contienen aluminio ni otros adyuvantes (4). Además el aluminio en determinadas dosis tiene potencial efecto neurotóxico, pero los niveles de las vacunas se consideran seguros. Podéis consultar una explicación más detallada sobre la seguridad y riesgos del alumino en las vacunas en este enlaceConclusión: realidad pero con información errónea sobre su peligrosidad.



No parece que el aumento de las alergias tenga relación con las vacunas.
Las alergias son igual de frecuentes entre personas vacunadas y no vacunadas. Fuente


Las vacunas son las causantes del incremento de las alergias

Desde hace años se viene culpando desde distintos grupos a múltiples agentes de ser los responsables del aumento del número de alergias en la población. Varias son las hipótesis pero todavía no está claro cual es el principal motivo, que probablemente sea multifactorial. El exceso de higiene y la falta de contacto con la naturaleza (La teroría de la higiene) que altera la flora intestinal y el contacto con microbios que van madurando el sistema inmunitario, es una de las más reconocidas (puedes leerla más a fondo en al entrada Somos Bacterias sobre la flora intestinal). También está muy aceptado el efecto de la contaminación atmosférica de las ciudades que vuelve al polen mucho más antigénico de lo normal, facilitando que el cuerpo lo reconozca como extraño y se vuelva alérgico al mismo. Uno de los últimos en aparecer han sido las sustancias disruptoras endocrinas que ya repasamos alteran el normal funcionamiento del sistema endocrino-inmunológico. Lo que sí que está claro es que la lactancia materna reduce la incidencia de enfermedades alérgicas a lo largo de la vida, y que a mayor duración, mayor protección hacia las mismas. Por ultimo tenemos los dos más polémicos en la población general, las vacunas y el aluminio, y a los aditivos químicos. El campo de los aditivos es muy variado y heterogéneo y no entraremos en hablar sobre él en esta entrada. Pero respecto a las vacunas, por el momento existen varios estudios (5) que muestran como la incidencia de enfermedades alérgicas y asma es similar tanto en personas que reciben vacunaciones como en aquellas que no. En cambio existen diferencias entre grupos de poblaciones que viven en distintas áreas independientemente de que se hayan vacunado o no, por lo que cabe esperar que los causantes de las alergias sean agentes externos no relacionados con las vacunas, probablemente los primeros que hemos visto. Conclusión: Falso mito.

Estas son algunos de los motivos que esgrimen las personas no afines a vacnar/se y los grupos antivacunas y que de forma superficial intento mostrar por qué estos razonamientos son equivocados. Si tenéis alguno más ponedlo en comentarios y vamos explicando si son o no correctos estos motivos.

Y recordad que los impulsores de los grupos antivacunas han ido suavizando sus posicionamientos en los últimos años a medida que los datos no confirmaban sus teorías y se retiró el mercurio de la mayoría de las vacunas. Se ha pasado de posturas conbtrarias a todas las vacunas, hasta las más actuales de uso racional de las mismas. Muy pocos recomiendan hoy en día no vacunar de nada a los hijos, pero han quedado algunos gurus sin formación médica ni criterio científico que siguen confundiendo a personas de buena fé que quieren lo mejor para sus hijos, especialmente entre grupos afines a las terapias naturales, el slowlife, la vida "alternativa" y el vegetarianismo.

Saludos!



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Referencias

  1. Valor inmunológico de la leche materna. Rev Cubana Pediatr 1998; 67(2)
  2. Vaccines are not associated with autism: An evidence-based meta-analysis of case-control and cohort studies
  3. Evaluación de la seguridad de las vacunas por su contenido en timerosal. Pharmaceutical Care España 2000; 2: 432-439. María SEGURA BEDMAR, Rosa María CATALÁ PIZARRO, Carlos HUERTA RIVAS ABSTRACT.
  4. Autoimmune/inflammatory syndrome induced by adjuvants (ASIA) 2013: Unveiling the pathogenic, clinical and diagnostic aspects. Perricone C, et al. Journal of Autoimmunity (2013), http://dx.doi.org/10.1016/j.jaut.2013.10.004
  5. Vacunas, alergia y enfermedades autoinmunes. Vacunas.org. Dr. Juan Bravo Acuña. Pediatra. C. S. El Greco. Instituto Madrileño de la Salud. Getafe. Madrid.

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